martes, 4 de noviembre de 2014

6ta historia: "Luisa".

Buenas buenas compañeros del blog!. Espero que hayan tenido un buen dia. Como costumbre, pido disculpas por escribir tan poco. Se acerca el fin de año y las tareas escolares y el estudio se me enciman y no me dejan ni respirar. Bueno muchos me entenderán.

El día de hoy traigo una pequeña historia de terror para ustedes. La historia es corta porque esta diseñada con este formato para la revista escolar que se hace anualmente en la escuela a la que asisto. Este es mi aporte a la misma y bueno, decidí compartirlos con ustedes, seguidores del Rincón! c:

Disfrútenla. Se recomienda leer de noche.



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LUISA

Un esqueleto, apodado “Luisa” por los alumnos, era un instrumento esencial en la clase de biología. Se apodaba así porque, según parecía, en un pasado había pertenecido a una mujer quien fue brutalmente asesinada a las orillas de un lago hace mucho tiempo atrás. Para los demás, hoy no era más que un costal de huesos insignificante. Pero ese esqueleto contenía un terrible pasado, el cual hasta ahora nadie se imaginaba. Era una mañana gris en ese día martes. Luis, Guillermo y Alberto eran un grupo de alumnos, muy amigos, y fieles seguidores de los problemas. Aunque eran buenos estudiantes, casi siempre estaban metidos en embrollos. La curiosidad los alentaba a todo.
Esa mañana, como todo día martes, correspondía la clase de biología. La clase comenzó como cualquier otro día. Esta vez la profesora iba a enseñarles partes del esqueleto humano y sus respectivas importancias. Por lo cual el esqueleto Luisa tuvo que hacerse presente. Guillermo admiraba el esqueleto, y locas ideas graciosas, por así decirlo, se le venían a la mente. Entre cuchicheo se las comunicó a sus dos amigos y juntos reían. Atrajeron la atención de la profesora, la cual los reprendió a los tres.
Esa tarde, en la jornada complementaria, el costal de huesos había quedado en el aula. El grupo de alumnos habían ido a la sala de computación para realizar un trabajo de ciencias sociales, pero el trío dinámico se separó del resto y regresaron al salón. La tarde estaba oscura, ya que se avecinaba una tormenta. Los 3 ingresaron al curso y encendieron la luz. Cerraron la puerta y abrieron la casilla que protegía al esqueleto. No se dieron tiempo a esperar y con un par de marcadores dibujaron garabatos y atrocidades sobre sus partes.
Fue entonces cuando el esqueleto comenzó a temblar. Nadie sabe como, ni por qué. Pero así fue. Y al moverse mucho, cayó al suelo. Los sustos de los 3 muchachos acabaron en gritos que resonaron por todo el salón. Corrieron, hacia la salida, pero la puerta se había trancado. Las luces se habían apagado. Y como las ventanas tenían rejas, no había forma de escapar de semejante destino aterrador. Ahí estaba, entonces, el esqueleto se había puesto de pie. Los alumnos se aprisionaron en la esquina del salón y rogaban que algo milagroso pasara. Pero nada sucedió. Y cuando por fin alguien había escuchado los gritos de horror, ya era demasiado tarde. El mal que poseía a ese esqueleto ya había cumplido su tarea.
La luz se hallaba encendida para ese entonces. Alguien alcanzó a ver por la puerta la perturbadora escena, que quizá nunca en su vida podría olvidar jamas. Era la portera, la señora Maite, quien había estado trabajando hasta mas tarde. Corrió, pero, ¿qué tan lejos se puede mantener la cordura después de ver semejante escena de horror?. Llegó a la sala de computación, solo alcanzó a murmurarle a la profesora unas palabras que aludían a “un incidente atroz ocurrido en el curso”. Y esas fueron sus ultimas palabras. En un ataque de locura, presión arterial o ataque cardíaco, quien sabe, Maite cayó muerta frente a los demás.
La profesora, indignada, corrió, gritando y expresando su temor en palabras. Llegó al curso. La puerta mágicamente estaba abierta. Y ahí estaban. Los 3 alumnos que siempre les había generado problemas y enojos, los alumnos problemáticos y bromistas, hoy estaban destrozados y despedazados al azar por todo el aula. Donde su sangre yacía desparramada por gran parte de las paredes de la habitación y algunos de sus órganos se hallaban colgados del ventilador de techo, el cual aun giraba lentamente.
El esqueleto estaba en su cubículo de vidrio, donde siempre había estado. Pero muchas gotas de sangre caían por sus extremidades. La profesora lo observó detenidamente, entró al aula, sola… Pero en un instante, el costal de huesos giró su cráneo con lentitud, mostrando odio en su rostro…
El susto fue tal que, junto a la portera, la profesora también fue enterrada ese día.
El salón fue cerrado con llave, y la escuela fue clausurada. Hoy es una edificación abandonada y en ruinas que, a pesar de estar abierta para aquellos cazadores de fantasmas y considerando que Luisa fue encerrada bajo llave, nadie se atreve ni siquiera a acercarse al lugar…



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Espero que les haya gustado la historia. No olviden compartir con sus amigos :D

Saludos y hasta la próxima!

Brian Tomas Villalba

lunes, 11 de agosto de 2014

5ta historia: "Los vendedores del mas allá".

Hola hola gente del blog! Después de un tiempo sin publicar nada (ya que estuve ocupado con tareas, estudio y problemas personales), vuelvo al rincón para dejarles esta historia de terror - si me permiten llamarle así -, que vengo escribiendo hace un tiempo. Decidí hacer algo diferente esta vez, desviarme del tema del amor y lo relacionado. Y bueno, surgió la idea de escribir esta historia para ustedes así que... Bueno, a continuación se las dejo. Espero que la disfruten y que se asusten mucho, porque yo casi siempre la escribía a la noche, después de las 00:00 hs, y créanme que se necesita imaginarlo todo xD

Ah, les recomiendo leerla a la noche y en lo oscuro. Porque si la leen de día no produce tanto efecto x3
Disfrútenla.

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Los vendedores del mas allá


La familia Jefferson, una típica familia promedio, se acababa de mudar a la bella ciudad estadounidense de Montgomery. La casa era bastante vieja, un poco rajada en algunas partes, y en otras algo despintada. Pero era muy grande y aun mantenía la hermosura que tenía desde su construcción. Era una linda tarde en ese entonces. El vecindario estaba habitado por gente humilde, y una que otra casa de gente adinerada. George, de 7 años, y Dimitri, de 16, eran los hijos de la pareja recientemente casada: Josef Jefferson y Jennifer Craft. A pesar que la casa en su esplendor daba algo de miedo, la familia no se resignó. Y se quedaron en la misma, sin presentar alguna duda al vendedor: un hombre viejo y barbudo que, aparte de efectuar la venta, había relatado algunas cosas extrañas que allí sucedían. Josef no prestó atención a esto, ya que lo creía imposible y estúpido, y adquirió la propiedad sin prestar atención a ello.
La residencia era de 3 pisos, muy grande y extensa. Tenía habitaciones amplias, pasillos largos y altos, un sótano y otros cuartos que aun ni siquiera se conocían, junto a unos 107 años de antiguedad. Según se decia, la casa en un pasado habia pertenecido a una antigua mujer millonaria que fue ampliando la propiedad al enloquecer por la muerte de su esposo. La casa llegó a ser muy grande, hasta el tamaño que hasta ese entonces conservaba. La mujer envejeció, se enfermó y murió, dejándole a su único hijo, Thomas Greenwich, una herencia medida en millones de dolares y el inmenso inmueble que habia construido. Se dice que Thomas partió a Francia donde residía en el presente y vendió la casa a un viejo multimillonario, padre del hombre barbudo que vendió la propiedad a Josef. Lo que pocos sabían era que la mujer – la cual hasta ahora no se sabe su nombre – había fallecido dentro de la casa, en uno de los pasillos por donde solía pasear su esposo, el cual también tenía como lecho de muerte ese lugar. Y que nada mas ni nada menos que sus espíritus rondaban por aquellos lugares – motivo principal por el cual se presentaban problemas a la hora de conseguir un adquisidor.
Al presenciar el tétrico y tenebroso aspecto de la casa, la familia pensó que esta adquisición no habia sido buena idea. Pero Josef los convenció de que nada extraño pasaría allí y que la casa “solo era tenebrosa aparentemente”. Pero al pasar los días, la familia incrementó su miedo cuando entre los miembros de la familia empezaron a descubrir pasadizos secretos, puertas encadenadas con candados para no ser abiertas nunca, pasillos ocultos subterráneos, y otras cosas que daban que pensar. Una vez más, Josef los tranquilizó y los convenció de que nada malo les pasaría, que esa casa era una casa común y corriente, y que los rumores que se oían por ahí acerca de la casa eran falsos. La familia ante estos argumentos se sintió más tranquila, y todos se convencieron de que nada malo pasaría…

Todavía…

Una tarde, Josef tuvo que hacer horas extra en su trabajo. Por lo que tuvo que quedarse allí. Y Jennifer salió de compras. Los dos niños se quedaron solos. Aunque esa tarde había un sol inmenso que no dejaba de brillar, la casa aun así era oscura por dentro. A Dimitri no se le ocurrió una mejor idea que ir a recorrer un poco la casa. George lo siguió.

Los pasillos de la casa eran inmensos. Algunas veces llegaban al final y enlazaban con otros. Otros pasillos atravesaban la casa de punta a punta y otros se cruzaban. Era algo fácil perderse allí. Pero decidieron correr el riesgo y dar un paseo por los mismos.

Iban caminando por uno de los pasillos, cuando al final del mismo, una sombra atravesó el corredor.

Los dos quedaron fríos. Sentían que una leve brisa fresca corría.

-        -  Mejor vayámonos de aquí, George. – Dijo Dimitri, medio atemorizado.
-        -  Vamos – Le respondió el niño.

De alguna forma, ya que no estaban muy lejos, lograron regresar.
En la noche, les contaron lo sucedido a sus padres. Josef se sintió algo incomodo, ya que él sabía acerca de las cosas raras que sucedían allí. Pero decidió permanecer callado para quedar libre de culpa. Su madre pensó que solo se trataba de una broma, por lo que solo los evitó, y todo siguió como cualquier otra noche.
Dimitri estuvo incomodo toda la noche, y no pudo dormir bien. Pero se convenció a si mismo diciendo que lo que había visto esa tarde no era nada más que una tonta visión que la casa, al ser tan tenebrosa, había reflejado en él.
Al día siguiente, nuevamente a los niños les toco quedarse solos en la casa. Por lo que tuvieron que enfrentar una vez más al miedo que los agobiaba. Esta vez Dimitri quiso salir de nuevo a investigar, pero internándose más dentro de la casa por el simple hecho de indagar misterios. George quiso detenerlo con la excusa de que era una mala idea. Y que podía perderse allí dentro. El muchacho lo tranquilizó, diciéndole que volvería. Y para asegurarse, ató un hilo a la pata de la mesa del hall – lugar de donde partía el pasillo principal – para “trazar” un camino y así saber por dónde regresar. Y llevó consigo una linterna, por si acaso.
Saludó a su hermano, que estaba algo asustado. Y se internó en los oscuros pasillos hasta desaparecer de su vista.
La casa parecía realmente aterradora a medida que se entrometía mas y mas en la misma. Y cada vez la situación se ponía más arrogante y oscura. Por lo cual encendió su linterna y siguió camino hasta llegar a otro pasillo perpendicular, que daba final al pasillo principal. Siguió hacia la izquierda y recorrió unos metros más. El hilo se había acabado. Pero como no había descubierto nada que saciara su hambre de misterios, decidió dejar el hilo en el suelo y seguir camino por su propia cuenta. Una grave decisión que en el futuro lamentará haber tomado.
Siguió recorriendo pasillos, girando en varias ocasiones y atravesando varias puertas. Iba revisando habitaciones y siempre encontraba cosas insignificantes. Otras estaban cerradas y otras estaban vacías. Miró su reloj, y vio que ya era hora de regresar. Pero se encontró en la grave situación de cómo regresar. Intentó recordar lo poco que recordaba del camino, y se guió con estos únicos pensamientos con los que contaba. Otro grave error. Ya que esto lo perdió más aún.
Su hermano había quedado sentado en el sofá del hall. Miró la hora. Sus padres ya estaban regresando. Comenzó a preocuparse. Su hermano aun no regresaba y ya era tarde.

Dimitri llegó a la conclusión de que se había perdido completamente.

Intentó gritar, hacer ruido, pero nadie lo escuchó.

Llegaron los padres. Ambos le preguntaron al niño donde estaba su hermano. Tuvo que afirmarles que su hermano se había internado en la casa pero que aun no había regresado. También les contó el uso del hilo, para marcar su trayectoria. Ambos padres, preocupados y aterrados, corrieron por el pasillo principal siguiendo el hilo. Llegaron hasta el final y doblaron a la izquierda. Y metros mas allá, se encontraron con que el hilo llegaba hasta ahí. Pero al final del mismo, no había nadie. No había nada.

Josef se agarraba la cabeza en gesto de dolor, cayendo de rodillas en el suelo.

-        -  ¡Dimitri! ¡Dimitri! ¡Hijo! ¡Ven! ¿Donde estas?
-        -  ¡Dimitri! ¿Donde estas hermano? – Exclamaba el niño.

Los gritos resonaban por el corredor. Pero no había señales del adolescente perdido. Ni voces, ni gritos, ni huellas… Nada.

Regresaron. El padre, sintiéndose totalmente culpable, yacía sentado en el sofá con el ánimo por el suelo. Su esposa estaba haciendo la cena y George jugaba con sus juguetes. Todos con la esperanza de que su hijo aparezca por el pasillo principal, brincando y saltando como de costumbre…

Pero no apareció…

Al día siguiente los padres, preocupados y atemorizados por la extraña desaparición del muchacho, decidieron pedir ayuda al hombre que les había vendido la propiedad. Fueron hasta su vivienda y golpearon la puerta con furia. El sujeto abrió, y les preguntó qué necesitaban. En un abrir y cerrar de ojos, la mujer, enfurecida, empezó a lanzar preguntas por doquier: - ¿Qué oculta la casa? ¿Qué clase de misterios ocurren allí? ¿¡Dónde está mi hijo!? – Mientras que sus gritos se escuchaban por toda la cuadra.

El barbudo masculino, lo más sereno y sincero posible, respondió:
-     - La casa es suya a partir de ahora. Deben hacerse cargo de los problemas que pueda ocasionar la misma, incluso de los daños que se lleven a cabo. Desde ya les abierto que la casa tiene muchos problemas y no ha tenido contacto con humanos en mucho tiempo. Quien sabe con lo que podrían encontrarse allí. Debieron tener cuidado antes y tomar precauciones con anticipación. El señor Jefferson supo en un principio de que les estoy hablando. Si no han sido advertidos por él, es su funeral.

La mujer, enfurecida, lo miró a su esposo reflejando el profundo odio en sus ojos. Sin decir una palabra, se dio la vuelta y se marchó del lugar, junto a su pequeño hijo, que la siguió por detrás.
El antiguo dueño de la casa finalizó:

-        -  Tengo cosas que hacer. Vivo solo y mi casa no se va a limpiar por sí sola. ¡Que tengan un buen día! Ah, y espero que encuentren a su hijo perdido. Aunque, yo a esta altura, lo daría por cadáver.

Y dibujando en su rostro una sonrisa notablemente burlista, cerró la puerta. El padre, indignado, se fue a su casa sin decir una palabra.
Cuando Josef llegó a su casa, notó que su mujer no se encontraba en la cocina, ni en el living, ni en las habitaciones. Encontró a su hijo George en su cuarto, a quien le preguntó sobre el paradero de su madre. El niño solo respondió:

- Fue a buscar a Dimitri. Quise acompañarla, pero no me lo permitió.

- ¡Está loca! ¡Está loca! Tenemos que ir a buscarla. No, no. Mejor quédate aquí. Yo iré a por ella. ¡No te muevas de aquí! – respondió Josef nervioso y atemorizado. Y se internó en los pasillos a paso aligerado hasta perderse en la oscuridad.

Los minutos pasaban, y la ausencia extensa de todos los miembros de la familia se volvía cada vez más inquietante. Una brisa escalofriante corría por el pasillo principal y llegaba hasta el hall. Lo que a George le producía un poco de escalofríos.
Entonces, no se le ocurrió mejor idea que seguir el camino de sus progenitores. Y con un poco de miedo – y una pequeña linterna que encontró en la habitación de los mismos – siguió el camino de su padre.

Se perdió completamente. Y, caminando sin rumbo, no se detuvo hasta encontrar una pista, una salida, o a algún miembro de su familia desaparecida.

La oscuridad era inminente y la casa se volvía cada vez mas atee. Brisas de aire escalofriantes paseaban por los pasillos. Las paredes estaban todas manchadas y muchas de esas manchas representaban formas, formas escalofriantes. El niño no se detuvo, aunque estaba muy asustado, y siguió buscando algo o alguien que fuese aliviador para su imaginación.

Fue cuando un grito desgarrador aturdió sus oídos.

Quedó perplejo, atónito.

Corrió… Pero, ¿hacia dónde?

No sabía a dónde se dirigía. A donde correr, con que se encontraría, que vería en su camino… No le importaba nada. Solo ponerse a salvo. Corría, corría por pasillos aleatorios. No se detenía. Las paredes se tornaban rojas, tenían manchas de sangre, manchas negras que formaban personas, personas deformadas, personas gritando, formas extrañas que eran horribles con tan solo mirarlas. El piso estaba rajado, viejo, dañado, tenia rastros de sangre y las manchas extrañas de las paredes también se dibujaban en el mismo. Pero, no miraba en absoluto hacia ellas. Corría, sin rumbo ni detención. Huesos humanos yacían en las esquinas. Calaveras, símbolos satánicos y mensajes diciendo “VETE DE AQUÍ” “SAL DE ESTE LUGAR” “TE ARREPENTIRAS DE HABER ENTRADO A MI CASA” permanecían dibujados en las paredes con sangre y pintura negra. George corría, corría sin parar… Hasta que otro grito desgarrador resonó en los pasillos a unos metros más adelante. Se escuchaban crujidos por todos lados, se escuchaban pasos, golpes en las paredes… Sin detenerse, tomando cualquier camino al azar, corrió, sin saber a dónde iba, hasta cansarse y agotar sus fuerzas hasta incluso no poder avanzar. Se vio obligado a descansar, y reposó en un sofá – muy maltratado – que se encontraba en su camino.

Observaba hacia ambos lados, por si algo o alguien aparecía. Pero lo único que se sentía era la presencia de un profundo silencio, y las brisas de aire que apenas movían su cabello. El suspenso se tornaba aterrador.

Decidió continuar. Mientras caminaba, a pocos metros de él, notó que la puerta de una habitación estaba abierta. Y unas voces – las de una persona adolorida – escapaban de la misma.

Al notar la masculinidad de los gemidos, George pensó en su padre. Y concluyó que ese hombre con voz dolorida podría ser él… Corrió… Pero al llegar hasta la puerta, el niño dijo “¡PAPÁ!”… Y aquello que vio lo dejaría fuera de cordura tanto a él como a cualquier otra persona que se encontrara en su lugar…

En primer plano, vio la cabeza de su padre, decapitada, incrustada en un trozo de madera desde su parte inferior y ensangrentada hasta sus ojos. La madera estaba perfectamente parada a un metro de la puerta, en forma de trofeo. Y a su alrededor, un sinfín de órganos y piezas del cuerpo de Josef… Desparramados al azar por toda la habitación. Del techo caían gotas de sangre, y por las paredes otras más las recorrían en su totalidad. Una mano del cadáver reposaba aferrada a un sofá rojo que se encontraba allí, las piernas estaban a la mitad y parecían arrancadas y partidas a pedazos. Los intestinos estaban colgados del ventilador de techo, el corazón estaba fijado en un perchero junto a otros órganos que también permanecían en él. La habitación tenia las paredes casi completamente salpicadas de sangre, y en partes se retrataban líneas rojas de dedos queriéndose aferrar a ella. Y un mensaje, escrito con su propia sangre: “ERES EL SIGUIENTE”.

El niño dio un grito de horror, se echó hacia atrás, completamente horrorizado, y se apoyó en la puerta de enfrente, la cual se abrió al soportar su peso. George cayo sentado en el suelo, la puerta se abrió completamente, y sin mirar atrás notó salpicaduras de sangre en las paredes de la habitación, al igual que en la de enfrente. Entonces giró su cabeza para ver a su alrededor, y al mirar hacia atrás, vió la cabeza de su madre, decapitada, incrustada en otro pedazo de madera, exactamente igual que la de su padre. Solo que a ésta le habían quitado los ojos. Su cabello, que era largo en un principio, había quedado corto y rasgado, y ensangrentado. Su rostro estaba muy dañado y cortado. Al ver la cabeza de su madre en ese estado a tan solo unos centimetros de él, un infarto inminente estuvo a punto de acabar con la vida del niño, pero no alcanzó a hacerlo. George se arrojó hacia atrás, dando otro grito de horror que resonó en todo aquél pasillo. Y notó que partes del cadáver de Jeniffer estaban desparramadas por toda la habitación tal cual se encontraba el cadáver de su padre. Retrocedió, impactado, atónito, se paró, miro hacia ambos lados del pasillo, comenzaron a resonar gemidos provenientes de varias habitaciones, las puertas de las mismas comenzaron a abrirse y cerrarse con fuerza. George corrió hacia donde pudo, huyendo de ahí. Llegó a una intersección, miró hacia la derecha, estaba muy oscuro y carecía de luz. Miró hacia la izquierda, y bajo uno de los candelabros exóticos vió a su hermano Dimitri algunos metros mas allá, de pie, de espaldas. En postura erguida y con la cabeza abajo. Su ropa estaba ensangrentada. Corrió hacia el, gritando “¡HERMANO! ¡HERMANO!” mientras lagrimas de miedo y de terror corrían por sus mejillas. Pero cuando estuvo a solo un metro de él, se detuvo, al notar que su hermano no daba respuesta alguna. Y entonces le dijo en voz baja, entre lagrimas:

- Hermano. ¿Qué pasa? Mírame, soy yo, George. ¿Por qué estas tan ensangrentado asi?

El hermano respondió, con voz ronca:

- Te estaba esperando...

George se asustó ante esta respuesta. No la había visto venir.

- Hermano. ¿Qué te sucede? ¿Qué significa esto? Date la vuelta, ¡mírame! ¿Sabias que mataron a nuestros padres? ¿Sabias que…

Miró la ropa de Dimitri, y pensó en lo peor. Lo cual era nada mas que la cruda realidad.

- Son muchas preguntas. Pero no te preocupes. Yo me encargaré de respondertelas en el mas allá, cuando termine con todo esto – Dijo el adolescente.

El niño reconoció, ante el terrorífico panorama, la realidad que aclaró todas sus dudas.
Su hermano se dio vuelta, y lo miro fijamente. Su rostro estaba pálido, rasguñado, cortado. Le faltaba un ojo, tenia todo su pecho manchado de sangre y sus labios cortados. Suspiraba roncamente. Tenia una mirada psicópata, los ojos hundidos y lagrimas de sangre corrían por sus mejillas. George se asustó, y cayó al piso. Dimitri se abalanzó sobre él. Lo tomó de sus pies. El niño gritaba muy fuerte. - ¡Hermano! ¡Hermano! No me hagas daño, ¡por favor! ¡Suéltame! ¡Suéltame por favor, suéltame! – Le repetía a su hermano una y otra vez mientras lloraba desconsoladamente y gritaba de miedo y terror. Su hermano le decía que siga gritando, que grite todo lo que quiera, que nadie lo escucharía. En su camino se encontró con algunas puertas abiertas, en las que en cada una se veía partes de cadáveres viejos y en descomposición, pertenecientes a víctimas que habian sido asesinadas en el pasado. Y las cabezas decapitadas de esas personas – algunos ya siendo solo calaveras – yacían sobre pedazos de madera tal cual lo habían hecho con sus padres. Dimitri siguió arrastrando a su hermano hasta una habitación limpia. Su hermano no dejaba de gritar, llorar, suplicar… Pero todo fue en vano. Fue arrastrado hasta adentro, y la puerta se cerró detrás de él, en la plena oscuridad…

Y el resto es historia…

Se dice que Dimitri se suicidó, clavandose un rompehielos en el pecho. Cayó tendido al lado de su hermano, el cual habia sido destrozado atrozmente como todos los demás. Y tambien se dice que la aterradora historia de esta familia nunca se llegó a saber, y nunca llegó a manos de la justicia, y que su fin fue el mismo que tuvo la familia que antes habia adquirido la propiedad.

Hasta la actualidad los cadaveres de esas personas siguen ahí dentro, perdidos y descuartizados en habitaciones oscuras, hasta descomponerse con el tiempo...

Las almas de los antiguos dueños de la casa, los Greenwich, hasta la fecha siguen esperando la llegada de nuevos inquilinos, para tomar posesión de uno de ellos y asi lograr otra atrocidad…








Espero que les haya gustado. Saludos y hasta la próxima! :3



Brian Tomas Villalba

sábado, 29 de marzo de 2014

4° historia: "Una corta historia de amor".

Hola hola seguidores del blog!. Espero que todos esteen muy bien. Bueno, antes que nada quiero agradecer a todos los visitantes de mi blog por dejarme tener el deleite de comunicarles que el blog ya cuenta con +1300 VISITAS!. Es un gran logro para mi. Nunca pensé que mi blog sobrepasaría las 1000 visitas. Por tanto, estoy muy satisfecho y agradecido por todo el apoyo de mis amigos y seguidores. También por el apoyo de mis suscriptores, familiares y personas que considero como tal.

Bueno, después de tanto tiempo, vuelvo a dejarles esta historia que terminé de escribir ayer. No voy a hablar mucho al respecto. Así que a continuación se las dejo. Espero que la disfruten tanto como yo disfrute al escribirla.

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Una corta historia de amor.


Yuliana Duarte era una chica de apenas 16 años. Se encontraba viviendo con sus padres, en una importante localidad mexicana. Su vida era similar a la de cualquier chica promedio. Ir a la escuela, escuchar música, hacer tareas, andar por Facebook un rato… Cosas de la rutina diaria.
Un buen día martes como cualquier otro, llegó a su escuela. Con el mismo propósito de todos los días. Se encontró con su amiga Julia, con la cual tuvo una charla normal:

-          Ey Julia. ¿Qué tal?
-          Ey Yuli. Bien, creo. Y tu?
-          Bien. Supongo. ¿Has hecho la tarea de filosofía?
-          Si si. Aunque dejé una actividad sin hacer porque no me salió.
-          Yo las hice todas. Por suerte.
-          Si… Ey hoy viene un chico nuevo a nuestro curso.
-          ¿Ah sí?
-          Oh si. El otro día lo vi. Es muy guapo. Jaja!
-          Tu siempre con tu “que guapo”. Dah.
-          Hoy lo veras y me dirás si no lo es.
-          Bien. Entremos a clase. Luego seguimos hablando.

Las dos chicas entraron a clase. El salón, que era muy grande, tan solo daba albergue a 22 alumnos. Era apenas el segundo martes de febrero y las clases recién comenzaban. Las profesoras, casi todas, eran nuevas en la escuela y como faltaban algunas profesoras para algunas materias, los alumnos gozaban de horas libres. Esas horas libres de las que uno disfruta después de haber copiado unas 4 hojas de teoría, terminando con la mano a la miseria.
En eso, la nueva profesora de filosofía, la señorita Silvina Herrera, entra al aula. Como es de costumbre, todos los chicos dejan de hacer “lo divertido que estaban haciendo”, para sentarse en sus sillas, reorganizarse y todo lo demás para que la profesora no los regañe.
La profesora dijo un par de palabras, un “buenos dias” como cualquier otro y un par de cosas que pasaron en su fin de semana. Nada fuera de lo normal.
En eso, llega la directora de la escuela. Entra por la puerta, acompañada de un chico alto. No muy flaco, ni muy gordo. Tenia una gran cabellera, un flequillo que cubría apenas su ojo derecho, y en la parte de atrás, su cabello llegaba hasta el cuello. No sonreía. Llevaba el uniforme escolar, y unos ojos marrones.

Ahí estaba. El chico nuevo. Tomas Garcia se hacia llamar.

La directora lo presentó ante la clase. Dio a conocer su nombre, su edad, y algunas otras cosas de su vida. El chico saludó a los demás, sonriendo apenas, y se sentó en uno de los bancos del fondo.
A unos 3 bancos mas adelante se encontraba Julia, y a su lado, Yuliana. Como era de esperarse, Julia le comentaba en susurros a Yuliana acerca de lo guapo que era el chico nuevo. Que lo había visto antes, y cosas así. Ella escuchaba. Pero no daba mucho interés al asunto.
La clase comenzó como cualquier otra. La profesora pidió la tarea que había encargado el jueves anterior. Le explico a Tomas el tema que estaban tratando y todo siguió como cualquier día de la semana.
Yuliana giraba de vez en cuando, disimulando. Y lo miraba. Ese chico era extraño, raro… Parecía triste. Apagado. Como si la vida lo hubiera tratado pésimamente mal. A veces cruzaba miradas con el, y le sonreía. El respondía con una sonrisa, apenas dibujada en su cara.
Llegó la hora del recreo. Yuliana salió con su amiga, se sentaron en uno de los bancos, bajo la sombra de un árbol del extenso patio de la escuela. Había muchos chicos en grupo. Otros jugando cartas. Otros corriendo por ahí…
Y bajo un árbol, estaba él…
Sentado. Solo. Como acostumbraba estar.
Estaba escribiendo en una libreta gris. Sin prestar atención al entorno.
Yuliana lo miraba desde lejos. En momentos, el la miraba. Y ella lo miraba a él. Y con el pasar del tiempo, sus miradas se cruzaban muy seguidamente.
Días después, Yuli se atrevió a hablarle. Pero, como era muy tímida, apenas le salió un “hola”. El la saludó del mismo modo. Y haciendo esa típica sonrisa casi apagada que a ella le agradaba ver.
Un día, en el recreo, ella lo vio. Sentado en el mismo lugar de siempre, con la misma libreta gris y escribiendo como lo hacia siempre. Se acercó. Y luego intentó entablar una conversación con el.

-          ¿Cómo estas Tomas? Un gusto conocerte.
-          Hola. ¿Tu cómo te llamas?
-          Yo soy Yuliana. Puedo sentarme a tu lado?
-          Si si. Claro. Siéntate.

Ella se acomodó a su lado. Para su suerte, Juli no había venido ese día a la escuela. Por lo que no se tendría que preocupar de lo que diría ella si los veía sentados juntos.

-          Perdona que te pregunte. Pero, ¿Qué escribes?
-          Aaah… Nada, nada… Solo, es como un diario personal en el que escribo sueños, poesías, historias y cosas así.
-          Oh. Me alegro. Me gustaría poder leer alguna de tus poesías.
-          Ten. Si quieres leer una…

Comenzó a hojear la pequeña libreta. Tenia muchas paginas, casi todas escritas. Se detuvo en una pagina, y le entregó la libreta a ella. Ella comenzó a leer un poema que allí había escrito.
Luego de quedar impresionada y emocionada con el poema de aquel chico que apenas conocía, siguió:

-          Me encantó el poema, Tomas. Esta… Esta muy lindo…
-          Gracias… Yuli – Respondió el, sonriendo.
-          De nada. Me gustaría conocerte mas. Me resultas una persona muy interesante.
-          Gracias por los halagos, Yuliana. Pero quizá no lo soy.
-          Para mi si lo eres.
-          Esta bien… Si tu lo dices… Gracias…
-          De nada Tomas. Hablamos luego. Adiós!
-          Adiós Yuli... Oye!
-          ¿Que pasa Tomas?
-          Gracias…
-          ¿Por qué?
-          Por acompañarme. Es que, siempre he estado solo. No conozco a nadie aquí y bueno. Me alegra mucho que me hayas acompañado. Me he sentido menos solo.
-          Oh. No fue nada. Gracias a ti por mostrarme la linda poesía. Debo irme. Adiós!
-          Adios… Yuli – Dijo Tomas, viendo como ella se alejaba rumbo hacia la puerta de acceso al edificio.

Pasaron los días. Ella hablaba mas seguido con el. Lo iba conociendo cada vez mejor.

Un día, en una de sus charlas, ella le preguntó el porque de su personalidad. El era un chico que le gustaba estar solo. Un chico, que aparentaba ser un emo. Pero no se notaban cortaduras en sus manos. Lo que se notaba, era mucho dolor en sus ojos. Se notaba que había sufrido mucho.

El le respondió, mirándola a los ojos:

-          Hace un tiempo atrás, yo era un adolescente como todos. Era feliz. Era una persona normal. Tenia amigos. Tenia sueños. Tenia alegría. Y una persona que hacia mis días únicos. Una chica… Era la chica que amaba… Pero, bueno… Ella perdió el interés en mi. Dejó de amarme de a poco. Y aunque yo hice lo posible para mantener la relación de pie, ella terminó conmigo. Se fue, llevándose una parte de mi. Y dejan dome devastado. Ahora es feliz con otra persona que es mas de su agrado. Supongo que me abandonó por esa persona. Y bueno. Desde ese entonces no volví a ser el de antes. Sufrí mucho. Lloré mucho. Y ahora, bueno… Ahora soy un triste infeliz que va por la vida escribiendo cosas en una tonta libreta gris, fabricando sonrisas para las personas que lo necesitan y tragándome días de soledad. Mis padres están separados. Vivo con mi madre y mi hermanita de 5 años. Mi padre no quiere saber nada de mi ni de mi familia. Mi madre… no entiende mucho mi situación. Quizá porque a ella nunca le ha tocado vivir algo así. O quizá si. Pero no lo enfrentó de la misma forma en la que yo lo hice. O, no se… Solo soy otro idiota de los que vagan por el mundo buscando un lugar en donde encajar. Es una larga historia pero prefiero contarte lo mas importante. Me cambié de escuela porque fui burlado por la gente que yo consideraba “amigos”. Cuando mas los necesité, me dieron la espalda. Otros se burlaron de mi situación. Otros me molestaban. Y mi madre decidió venirse a vivir aquí, donde había conseguido rentar una vivienda, con la ayuda de un amigo de ella. Y bueno, aquí estoy…

Yuliana se quedó callada por unos segundos. Luego de un momento, respondió:

-          Tu historia es muy triste. La verdad, no sabia que… La habías pasado muy mal.
-          Si. Es que así lo viví yo. Cualquier persona diría que no fue tan grave. Pero quise recurrir al suicidio muchas veces. Pero, no lo hice. Por suerte.
-          Yo te entiendo.
-          Gracias por hacerlo. Muy pocas personas lo hacen realmente. Muy pocas personas conocen lo que es, morirse por dentro. Querer morirse…

Cuando lo único que tiene vida, son las ganas de morir…

Ella notó que unas lágrimas corrían por su mejilla mientras hablaba. Y lo abrazó. El de igual modo él lo hizo. Soltando algunas lágrimas por los recuerdos. Esos recuerdos los cuales no conviene recordar…

-          Gracias. Gracias por tu apoyo. Lo necesitaba de verdad.
-          No me agradezcas – Le respondió ella. Un poco deprimida por la situación – Siempre estaré para ayudarte.
-          Gracias. De verdad, muchas gracias. Necesitaba mucho este abrazo.
-          Shhhh. De nada. No necesitas agradecerme.

El permaneció unos momentos mas, reposado en su hombro. Y luego dejo de abrazarla, y la miro a los ojos unos segundos.

-          Bueno, yo… Debo irme. Tengo que volver a clases. Te quiero. Y siempre cuenta conmigo para lo que sea que necesites.
-          Gracias Yuliana. Tu de igual modo cuenta conmigo para todo.

Y el se quedó sentado ahí, agitando la mano en gesto de saludo, y con la otra, secándose las lágrimas. Pero lo bueno es que una linda sonrisa se había dibujado en su rostro. Y se sentía feliz en ese momento. No supo si era por la sensación de que ya no estaría tan solo, o porque estaba enamorado de ella. O porque quizá ella lograba rescatar una sonrisa en su extenso mar de tristeza. No lo supo. Solo sabia que estaba sonriendo, y esta vez no estaba fingiendo.

A la mañana siguiente, se volvió a encontrar con ella. Ya se había hecho costumbre encontrarse todos los días en la escuela y pasar los recreos juntos. Quizá no se conocían tanto, pero habían llegado a quererse.

-          Oye Yuli, quisiera invitarte a tomar un helado, esta noche si quieres.
-          Esta bien Tomas. ¡Por supuesto! – Respondió Yuliana, encantada por tal petición.
-          Gracias por acompañarme…
-          De nada Tomas. No me agradezcas. Es un gusto acompañarte.

Y así fue.

Esa noche, llegó a la casa donde vivía Yuliana. Golpeó la puerta. Lo atendió un señor alto, delgado y de ojos cafés.

-          Hola! Usted debe ser el sr. Duarte no?.
-          Si. Hola. Así es.
-          Un gusto conocerlo señor. Soy Tomas. Venia a buscar a su hija para salir a tomar un helado.
-          Ah si! Ella me ha hablado de ti. Pasa. Pasa. Se esta cambiando. En un ratito viene.
-          Gracias señor Duarte.
-          De nada. Siéntate – Señalando un sillón – ¿Como te va?
-          Bien bien. Gracias. ¿Y todo esta bien por aquí?
-          Si. Así es. Por suerte todo esta muy bien.

En eso aparece la madre de Yuliana.

-          Ey! Hola! Tu eres el amigo de Yuli cierto?
-          Hola señora! Si si así es.
-          Ooh que tierno muchacho. Un gusto conocerte. ¿Como era tu nombre?
-          Tomas. Tomas Garcia.
-          Oooh, bueno Tomas. Yuli bajará en unos momentos. – Gritando – YULI! VEN QUE TU AMIGO YA ESTA AQUÍ!
-          ¡Ya voy mamá! – Se escuchó desde arriba de las escaleras.

Y ahí estaba ella. Bajando las escaleras. Tomas la miraba con ojos radiantes al verla tan hermosa. Llevaba un lindo pantalón negro y una hermosa remera azul.

-          Hola Tomas. ¿Vamos? – Dijo ella.
-          Claro! Vamos.
-          Hasta luego mamá y papá!
-          Adiós hija! Diviértanse! – Dijo el padre, agitando la mano.

Caminaban juntos. El se moría de ganas por tomarle la mano, pero había decidido no hacerlo. Tenia miedo del rechazo y de arruinarlo todo.

-          Estas muy hermosa – Le dijo a ella.
-          Gracias. Tu también estas muy hermoso.

El sonrió. Con una de esas sonrisas que no son para fingir. Una sonrisa de verdad.

Llegaron a la heladería. Él había decidido pagar el helado como gesto de caballerosidad. Ella se negó queriendo pagar su helado. Pero al final, logró convencerla de que, como él la había invitado, debía pagar los helados. Ella aceptó y ambos se fueron, por la estrecha vereda, comiendo su helado…
Caminaron, y llegaron hasta el muelle. Donde recorrieron el mismo. Mirando la radiante luna que brillaba en la noche despejada.

-          Es una noche muy hermosa – Dijo él.
-          Si que lo es…
-          Pero no tanto como tu…
-          ¿Enserio crees que soy hermosa?
-          No te mentiría jamas.

El aprovechó la ocasión. Y le tomó la mano. Ella lo miró a los ojos, y el a ella. Y siguieron paseando por el muelle.
Bajaron del muelle hacia la playa. El se tiró al piso, en la arena. Y logró ponerse cómodo. Ella se sentó a su lado. Y ambos se acostaron mirando al cielo. La noche era hermosa. Estaba muy estrellada y parecía que la luna brillaba como nunca lo había hecho antes. El volvió a tomarle la mano mientras miraba al cielo con ella.

-          Gracias por acompañarme aquí. Me haces sentir muy bien, Yuliana.
-          Gracias a ti por invitarme.
-          No me agradezcas. Quise salir contigo a pasear un rato porque… quería conocerte mejor y porque… Porque de verdad… Me gusta mucho estar contigo…
-          ¿De verdad te gusta estar conmigo? ¿Por que? No tengo nada de especial… - Dijo ella, mirando hacia arriba con cara de decepción.

El se levantó y se sentó, mirándola a los ojos.

-          Quizá nadie vea nada de especial en ti. Pero yo si. Y me has hecho una persona muy feliz. Te has vuelto una persona muy importante para mi. Y porque sacaste una sonrisa en mi cuando nadie mas lo hacia. Eso te hace especial. Y por eso y mucho mas, te quiero demasiado. Eres especial. Al menos para mi. Te quiero, y no me importa lo que piensen los demás de mi, o de ti. Para mi eres… Única…

Ella se levantó también. Y lo miró a los ojos.

-          Yo también te quiero, Tomas.  Y créeme, que se me ha hecho difícil decir lo que siento por ti. Porque me siento mas protegida cuando estoy contigo. Me siento mas alegre, me siento mas libre, mas liberada. Me siento… Mas feliz… Porque nunca nadie había puesto tanto cuidado en mi como lo haces tu…

El impulso de dar un beso yacía en ambos. Y así, fueron acercando sus labios, cada vez mas. Y cuando estuvieron a apenas un par de centímetros, se detuvieron. Ambos se miraron a los ojos, sonrieron. Y volvieron a acercarse. Hasta que sus labios se juntaron…
Y ahí estaban. Sentados en la arena húmeda, rozando sus labios en gesto de amor. Como un par de adolescentes jóvenes que estaban perdidamente enamorados uno del otro…

Bajo la esplendorosa luna que brillaba en el cielo…

Ahí estaban ellos… Demostrando que las mejores oportunidades en la vida, se presentan cuando menos las esperan…


Ahí estaban, rozando sus labios, demostrando su amor…





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Esta historia nos demuestra que las buenas oportunidades, se presentan cuando menos se esperan. También intenta decirnos que, a veces, tras una sonrisa, hay un pasado oscuro y desgarrador. Y solo basta conocer a esa persona para darnos cuenta de que las sonrisas, también pueden falsificarse.

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Espero que les haya gustado la historia. 

MUCHAS GRACIAS POR LEER, Y MUCHAS GRACIAS POR TU VISITA.

HASTA LA PRÓXIMA!


Brian Tomas Villalba