sábado, 29 de marzo de 2014

4° historia: "Una corta historia de amor".

Hola hola seguidores del blog!. Espero que todos esteen muy bien. Bueno, antes que nada quiero agradecer a todos los visitantes de mi blog por dejarme tener el deleite de comunicarles que el blog ya cuenta con +1300 VISITAS!. Es un gran logro para mi. Nunca pensé que mi blog sobrepasaría las 1000 visitas. Por tanto, estoy muy satisfecho y agradecido por todo el apoyo de mis amigos y seguidores. También por el apoyo de mis suscriptores, familiares y personas que considero como tal.

Bueno, después de tanto tiempo, vuelvo a dejarles esta historia que terminé de escribir ayer. No voy a hablar mucho al respecto. Así que a continuación se las dejo. Espero que la disfruten tanto como yo disfrute al escribirla.

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Una corta historia de amor.


Yuliana Duarte era una chica de apenas 16 años. Se encontraba viviendo con sus padres, en una importante localidad mexicana. Su vida era similar a la de cualquier chica promedio. Ir a la escuela, escuchar música, hacer tareas, andar por Facebook un rato… Cosas de la rutina diaria.
Un buen día martes como cualquier otro, llegó a su escuela. Con el mismo propósito de todos los días. Se encontró con su amiga Julia, con la cual tuvo una charla normal:

-          Ey Julia. ¿Qué tal?
-          Ey Yuli. Bien, creo. Y tu?
-          Bien. Supongo. ¿Has hecho la tarea de filosofía?
-          Si si. Aunque dejé una actividad sin hacer porque no me salió.
-          Yo las hice todas. Por suerte.
-          Si… Ey hoy viene un chico nuevo a nuestro curso.
-          ¿Ah sí?
-          Oh si. El otro día lo vi. Es muy guapo. Jaja!
-          Tu siempre con tu “que guapo”. Dah.
-          Hoy lo veras y me dirás si no lo es.
-          Bien. Entremos a clase. Luego seguimos hablando.

Las dos chicas entraron a clase. El salón, que era muy grande, tan solo daba albergue a 22 alumnos. Era apenas el segundo martes de febrero y las clases recién comenzaban. Las profesoras, casi todas, eran nuevas en la escuela y como faltaban algunas profesoras para algunas materias, los alumnos gozaban de horas libres. Esas horas libres de las que uno disfruta después de haber copiado unas 4 hojas de teoría, terminando con la mano a la miseria.
En eso, la nueva profesora de filosofía, la señorita Silvina Herrera, entra al aula. Como es de costumbre, todos los chicos dejan de hacer “lo divertido que estaban haciendo”, para sentarse en sus sillas, reorganizarse y todo lo demás para que la profesora no los regañe.
La profesora dijo un par de palabras, un “buenos dias” como cualquier otro y un par de cosas que pasaron en su fin de semana. Nada fuera de lo normal.
En eso, llega la directora de la escuela. Entra por la puerta, acompañada de un chico alto. No muy flaco, ni muy gordo. Tenia una gran cabellera, un flequillo que cubría apenas su ojo derecho, y en la parte de atrás, su cabello llegaba hasta el cuello. No sonreía. Llevaba el uniforme escolar, y unos ojos marrones.

Ahí estaba. El chico nuevo. Tomas Garcia se hacia llamar.

La directora lo presentó ante la clase. Dio a conocer su nombre, su edad, y algunas otras cosas de su vida. El chico saludó a los demás, sonriendo apenas, y se sentó en uno de los bancos del fondo.
A unos 3 bancos mas adelante se encontraba Julia, y a su lado, Yuliana. Como era de esperarse, Julia le comentaba en susurros a Yuliana acerca de lo guapo que era el chico nuevo. Que lo había visto antes, y cosas así. Ella escuchaba. Pero no daba mucho interés al asunto.
La clase comenzó como cualquier otra. La profesora pidió la tarea que había encargado el jueves anterior. Le explico a Tomas el tema que estaban tratando y todo siguió como cualquier día de la semana.
Yuliana giraba de vez en cuando, disimulando. Y lo miraba. Ese chico era extraño, raro… Parecía triste. Apagado. Como si la vida lo hubiera tratado pésimamente mal. A veces cruzaba miradas con el, y le sonreía. El respondía con una sonrisa, apenas dibujada en su cara.
Llegó la hora del recreo. Yuliana salió con su amiga, se sentaron en uno de los bancos, bajo la sombra de un árbol del extenso patio de la escuela. Había muchos chicos en grupo. Otros jugando cartas. Otros corriendo por ahí…
Y bajo un árbol, estaba él…
Sentado. Solo. Como acostumbraba estar.
Estaba escribiendo en una libreta gris. Sin prestar atención al entorno.
Yuliana lo miraba desde lejos. En momentos, el la miraba. Y ella lo miraba a él. Y con el pasar del tiempo, sus miradas se cruzaban muy seguidamente.
Días después, Yuli se atrevió a hablarle. Pero, como era muy tímida, apenas le salió un “hola”. El la saludó del mismo modo. Y haciendo esa típica sonrisa casi apagada que a ella le agradaba ver.
Un día, en el recreo, ella lo vio. Sentado en el mismo lugar de siempre, con la misma libreta gris y escribiendo como lo hacia siempre. Se acercó. Y luego intentó entablar una conversación con el.

-          ¿Cómo estas Tomas? Un gusto conocerte.
-          Hola. ¿Tu cómo te llamas?
-          Yo soy Yuliana. Puedo sentarme a tu lado?
-          Si si. Claro. Siéntate.

Ella se acomodó a su lado. Para su suerte, Juli no había venido ese día a la escuela. Por lo que no se tendría que preocupar de lo que diría ella si los veía sentados juntos.

-          Perdona que te pregunte. Pero, ¿Qué escribes?
-          Aaah… Nada, nada… Solo, es como un diario personal en el que escribo sueños, poesías, historias y cosas así.
-          Oh. Me alegro. Me gustaría poder leer alguna de tus poesías.
-          Ten. Si quieres leer una…

Comenzó a hojear la pequeña libreta. Tenia muchas paginas, casi todas escritas. Se detuvo en una pagina, y le entregó la libreta a ella. Ella comenzó a leer un poema que allí había escrito.
Luego de quedar impresionada y emocionada con el poema de aquel chico que apenas conocía, siguió:

-          Me encantó el poema, Tomas. Esta… Esta muy lindo…
-          Gracias… Yuli – Respondió el, sonriendo.
-          De nada. Me gustaría conocerte mas. Me resultas una persona muy interesante.
-          Gracias por los halagos, Yuliana. Pero quizá no lo soy.
-          Para mi si lo eres.
-          Esta bien… Si tu lo dices… Gracias…
-          De nada Tomas. Hablamos luego. Adiós!
-          Adiós Yuli... Oye!
-          ¿Que pasa Tomas?
-          Gracias…
-          ¿Por qué?
-          Por acompañarme. Es que, siempre he estado solo. No conozco a nadie aquí y bueno. Me alegra mucho que me hayas acompañado. Me he sentido menos solo.
-          Oh. No fue nada. Gracias a ti por mostrarme la linda poesía. Debo irme. Adiós!
-          Adios… Yuli – Dijo Tomas, viendo como ella se alejaba rumbo hacia la puerta de acceso al edificio.

Pasaron los días. Ella hablaba mas seguido con el. Lo iba conociendo cada vez mejor.

Un día, en una de sus charlas, ella le preguntó el porque de su personalidad. El era un chico que le gustaba estar solo. Un chico, que aparentaba ser un emo. Pero no se notaban cortaduras en sus manos. Lo que se notaba, era mucho dolor en sus ojos. Se notaba que había sufrido mucho.

El le respondió, mirándola a los ojos:

-          Hace un tiempo atrás, yo era un adolescente como todos. Era feliz. Era una persona normal. Tenia amigos. Tenia sueños. Tenia alegría. Y una persona que hacia mis días únicos. Una chica… Era la chica que amaba… Pero, bueno… Ella perdió el interés en mi. Dejó de amarme de a poco. Y aunque yo hice lo posible para mantener la relación de pie, ella terminó conmigo. Se fue, llevándose una parte de mi. Y dejan dome devastado. Ahora es feliz con otra persona que es mas de su agrado. Supongo que me abandonó por esa persona. Y bueno. Desde ese entonces no volví a ser el de antes. Sufrí mucho. Lloré mucho. Y ahora, bueno… Ahora soy un triste infeliz que va por la vida escribiendo cosas en una tonta libreta gris, fabricando sonrisas para las personas que lo necesitan y tragándome días de soledad. Mis padres están separados. Vivo con mi madre y mi hermanita de 5 años. Mi padre no quiere saber nada de mi ni de mi familia. Mi madre… no entiende mucho mi situación. Quizá porque a ella nunca le ha tocado vivir algo así. O quizá si. Pero no lo enfrentó de la misma forma en la que yo lo hice. O, no se… Solo soy otro idiota de los que vagan por el mundo buscando un lugar en donde encajar. Es una larga historia pero prefiero contarte lo mas importante. Me cambié de escuela porque fui burlado por la gente que yo consideraba “amigos”. Cuando mas los necesité, me dieron la espalda. Otros se burlaron de mi situación. Otros me molestaban. Y mi madre decidió venirse a vivir aquí, donde había conseguido rentar una vivienda, con la ayuda de un amigo de ella. Y bueno, aquí estoy…

Yuliana se quedó callada por unos segundos. Luego de un momento, respondió:

-          Tu historia es muy triste. La verdad, no sabia que… La habías pasado muy mal.
-          Si. Es que así lo viví yo. Cualquier persona diría que no fue tan grave. Pero quise recurrir al suicidio muchas veces. Pero, no lo hice. Por suerte.
-          Yo te entiendo.
-          Gracias por hacerlo. Muy pocas personas lo hacen realmente. Muy pocas personas conocen lo que es, morirse por dentro. Querer morirse…

Cuando lo único que tiene vida, son las ganas de morir…

Ella notó que unas lágrimas corrían por su mejilla mientras hablaba. Y lo abrazó. El de igual modo él lo hizo. Soltando algunas lágrimas por los recuerdos. Esos recuerdos los cuales no conviene recordar…

-          Gracias. Gracias por tu apoyo. Lo necesitaba de verdad.
-          No me agradezcas – Le respondió ella. Un poco deprimida por la situación – Siempre estaré para ayudarte.
-          Gracias. De verdad, muchas gracias. Necesitaba mucho este abrazo.
-          Shhhh. De nada. No necesitas agradecerme.

El permaneció unos momentos mas, reposado en su hombro. Y luego dejo de abrazarla, y la miro a los ojos unos segundos.

-          Bueno, yo… Debo irme. Tengo que volver a clases. Te quiero. Y siempre cuenta conmigo para lo que sea que necesites.
-          Gracias Yuliana. Tu de igual modo cuenta conmigo para todo.

Y el se quedó sentado ahí, agitando la mano en gesto de saludo, y con la otra, secándose las lágrimas. Pero lo bueno es que una linda sonrisa se había dibujado en su rostro. Y se sentía feliz en ese momento. No supo si era por la sensación de que ya no estaría tan solo, o porque estaba enamorado de ella. O porque quizá ella lograba rescatar una sonrisa en su extenso mar de tristeza. No lo supo. Solo sabia que estaba sonriendo, y esta vez no estaba fingiendo.

A la mañana siguiente, se volvió a encontrar con ella. Ya se había hecho costumbre encontrarse todos los días en la escuela y pasar los recreos juntos. Quizá no se conocían tanto, pero habían llegado a quererse.

-          Oye Yuli, quisiera invitarte a tomar un helado, esta noche si quieres.
-          Esta bien Tomas. ¡Por supuesto! – Respondió Yuliana, encantada por tal petición.
-          Gracias por acompañarme…
-          De nada Tomas. No me agradezcas. Es un gusto acompañarte.

Y así fue.

Esa noche, llegó a la casa donde vivía Yuliana. Golpeó la puerta. Lo atendió un señor alto, delgado y de ojos cafés.

-          Hola! Usted debe ser el sr. Duarte no?.
-          Si. Hola. Así es.
-          Un gusto conocerlo señor. Soy Tomas. Venia a buscar a su hija para salir a tomar un helado.
-          Ah si! Ella me ha hablado de ti. Pasa. Pasa. Se esta cambiando. En un ratito viene.
-          Gracias señor Duarte.
-          De nada. Siéntate – Señalando un sillón – ¿Como te va?
-          Bien bien. Gracias. ¿Y todo esta bien por aquí?
-          Si. Así es. Por suerte todo esta muy bien.

En eso aparece la madre de Yuliana.

-          Ey! Hola! Tu eres el amigo de Yuli cierto?
-          Hola señora! Si si así es.
-          Ooh que tierno muchacho. Un gusto conocerte. ¿Como era tu nombre?
-          Tomas. Tomas Garcia.
-          Oooh, bueno Tomas. Yuli bajará en unos momentos. – Gritando – YULI! VEN QUE TU AMIGO YA ESTA AQUÍ!
-          ¡Ya voy mamá! – Se escuchó desde arriba de las escaleras.

Y ahí estaba ella. Bajando las escaleras. Tomas la miraba con ojos radiantes al verla tan hermosa. Llevaba un lindo pantalón negro y una hermosa remera azul.

-          Hola Tomas. ¿Vamos? – Dijo ella.
-          Claro! Vamos.
-          Hasta luego mamá y papá!
-          Adiós hija! Diviértanse! – Dijo el padre, agitando la mano.

Caminaban juntos. El se moría de ganas por tomarle la mano, pero había decidido no hacerlo. Tenia miedo del rechazo y de arruinarlo todo.

-          Estas muy hermosa – Le dijo a ella.
-          Gracias. Tu también estas muy hermoso.

El sonrió. Con una de esas sonrisas que no son para fingir. Una sonrisa de verdad.

Llegaron a la heladería. Él había decidido pagar el helado como gesto de caballerosidad. Ella se negó queriendo pagar su helado. Pero al final, logró convencerla de que, como él la había invitado, debía pagar los helados. Ella aceptó y ambos se fueron, por la estrecha vereda, comiendo su helado…
Caminaron, y llegaron hasta el muelle. Donde recorrieron el mismo. Mirando la radiante luna que brillaba en la noche despejada.

-          Es una noche muy hermosa – Dijo él.
-          Si que lo es…
-          Pero no tanto como tu…
-          ¿Enserio crees que soy hermosa?
-          No te mentiría jamas.

El aprovechó la ocasión. Y le tomó la mano. Ella lo miró a los ojos, y el a ella. Y siguieron paseando por el muelle.
Bajaron del muelle hacia la playa. El se tiró al piso, en la arena. Y logró ponerse cómodo. Ella se sentó a su lado. Y ambos se acostaron mirando al cielo. La noche era hermosa. Estaba muy estrellada y parecía que la luna brillaba como nunca lo había hecho antes. El volvió a tomarle la mano mientras miraba al cielo con ella.

-          Gracias por acompañarme aquí. Me haces sentir muy bien, Yuliana.
-          Gracias a ti por invitarme.
-          No me agradezcas. Quise salir contigo a pasear un rato porque… quería conocerte mejor y porque… Porque de verdad… Me gusta mucho estar contigo…
-          ¿De verdad te gusta estar conmigo? ¿Por que? No tengo nada de especial… - Dijo ella, mirando hacia arriba con cara de decepción.

El se levantó y se sentó, mirándola a los ojos.

-          Quizá nadie vea nada de especial en ti. Pero yo si. Y me has hecho una persona muy feliz. Te has vuelto una persona muy importante para mi. Y porque sacaste una sonrisa en mi cuando nadie mas lo hacia. Eso te hace especial. Y por eso y mucho mas, te quiero demasiado. Eres especial. Al menos para mi. Te quiero, y no me importa lo que piensen los demás de mi, o de ti. Para mi eres… Única…

Ella se levantó también. Y lo miró a los ojos.

-          Yo también te quiero, Tomas.  Y créeme, que se me ha hecho difícil decir lo que siento por ti. Porque me siento mas protegida cuando estoy contigo. Me siento mas alegre, me siento mas libre, mas liberada. Me siento… Mas feliz… Porque nunca nadie había puesto tanto cuidado en mi como lo haces tu…

El impulso de dar un beso yacía en ambos. Y así, fueron acercando sus labios, cada vez mas. Y cuando estuvieron a apenas un par de centímetros, se detuvieron. Ambos se miraron a los ojos, sonrieron. Y volvieron a acercarse. Hasta que sus labios se juntaron…
Y ahí estaban. Sentados en la arena húmeda, rozando sus labios en gesto de amor. Como un par de adolescentes jóvenes que estaban perdidamente enamorados uno del otro…

Bajo la esplendorosa luna que brillaba en el cielo…

Ahí estaban ellos… Demostrando que las mejores oportunidades en la vida, se presentan cuando menos las esperan…


Ahí estaban, rozando sus labios, demostrando su amor…





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Esta historia nos demuestra que las buenas oportunidades, se presentan cuando menos se esperan. También intenta decirnos que, a veces, tras una sonrisa, hay un pasado oscuro y desgarrador. Y solo basta conocer a esa persona para darnos cuenta de que las sonrisas, también pueden falsificarse.

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Espero que les haya gustado la historia. 

MUCHAS GRACIAS POR LEER, Y MUCHAS GRACIAS POR TU VISITA.

HASTA LA PRÓXIMA!


Brian Tomas Villalba